Enter your keyword

Violencia filio-parental, cuando el amor se transforma en odio.

Violencia filio-parental, cuando el amor se transforma en odio.

Estudios recientes nos confirman el aumento exponencial en España (400%)* que han tenido las denuncias de padres sobre el maltrato que reciben de sus hijos. Menores entre 14 y 18 años.

Encaramarse en este tema, podría hacernos debatir entre las características de la época que vivimos hoy, desorientados de un “padre” que nos regule, el efecto de los “niños emperadores o tiranos” como suele mencionar la psicología y por último el estilo educativo parental en el que predomina “todo es educable” y por ende el éxito de las escuelas para padres. Interesante debate que pone el foco en la época, el hijo y los padres.

Les propongo un nuevo enfoque: el lazo. Consideremos entonces que el problema no está ni en uno ni en el otro, sino en el lazo. El lazo involucra a un otro, es decir que nos insta a pensar en ambos, hijos y padres. El lazo cambia a lo largo de la historia de ambos: no es lo mismo el lazo afectivo del niño de aquel que se transforma en joven adolescente. El lazo apela también a lo más singular de cada sujeto, aquello de lo que padece y se satisface: en el lazo se pone en juego algo de cada uno: Por ejemplo del lado de los padres y madres: el ideal de hijo fantaseado, aquello que se cree esperar de este hijo que en realidad tiene que ver con nuestras propias proyecciones. Del lado de los jóvenes, cuál es el lugar que ocupan en el deseo de esos padres.

El lazo está compuesto de palabras, de un tejido simbólico que se construye a lo largo del tiempo y que requiere mutar a través del ciclo vital. Palabras y significaciones para cada uno que tomarán forma en la conversación. La verdadera apuesta es la conversación entre padres e hijos. Conversar es poner en juego inclusive tener puntos de vista divergentes sobre algún tema. No es solo preguntar “¿Cómo te fue en el colegio?” o hacer un listado de las cosas que hizo durante el día. Conversar y poner en juego la palabra será poder soportar aquello que el adolescente tiene para contarnos, para decir. En realidad será ofrecer un espacio de escucha, un “sí” a sus preocupaciones, a sus construcciones de la realidad. Será ofrecer, más que órdenes y enseñanzas, una pregunta que los interrogue a ellos: “¿qué te preocupa de eso?”. Porque es el adulto, quien tendrá que llevar las riendas de este nuevo lazo, hecho de palabras en la conversación.

Porque cuando la palabra se agota, se ausenta, el acto cobra presencia. Me refiero al acto de la violencia. Cuando se deja de apostar por la escucha y la palabra, la violencia impone sus reglas. Ofrece al joven una vía rápida y solución por el lado del odio. El odio no nos interroga, nos da una certeza inquietante. El amor, en cambio, nos interroga, nos hace dudar y nos convoca a un permanente trabajo con la discordia. Y en lo familiar la violencia, el insulto y la desvalorización cobran todo su fundamento. Es más, en general la violencia estará dirigida a la persona que mas quieren y estiman.

La dificultad de poner en juego la palabra para los adolescentes le ofrece a la violencia un lugar extraordinario para incorporarse. Pero no porque ellos no puedan poner en juego la palabra. En la experiencia clínica con adolescentes, encuentro las más variadas formas de conversar con ellos: su música, sus costumbres, la inscripción en la camiseta que llevan puesta, sus tatuajes. Lo que requiere el comienzo de la conversación en un lazo que comienza, como puede ser en lo transferencial de una relación analista-paciente, es una postura. Una postura orientada por la ignorancia de aquel que no sabe que ocurre, pero que quiere saber. Una postura que interroga y apunta al ser que construye en sus dichos, palabras una nueva forma de hacer lazo diferente al de la infancia.

Entonces, en el marco del lazo que apunta a uno y el otro, padres y adolescentes, la responsabilidad recae sobre el adulto. Si “del amor al odio hay un paso y del odio al amor un instante”, como dice Nietzsche, la responsabilidad del adulto apuntará al instante preciso que abre a la conversación y la palabra con la llave de su propia ignorancia, en búsqueda de una sabiduría subjetiva que responda a la buena pregunta de: ¿Qué nos sucede?.

*Dato de Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental, SEVIFIP.

 

Carolina Salinas.

carolinasalinas@hotmail.com

 

ARTICULO PUBLICADO EN EL DIARIO INFORMACIÓN

 

No Comments

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: