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Cómo entender ciertas dificultades en la infancia

Cómo entender ciertas dificultades en la infancia

El trabajo con niños y más aún la clínica con niños nos enseña de la prudencia que hay que tener a la hora de observar ciertos signos o manifestaciones  que pueden ser indicadores de alguna dificultad.

Si hablo de prudencia, lo tomo en el sentido en que un niño no tiene aún delimitada su estructura de personalidad; sino que ésta se encuentra en construcción y que por tanto, bajo esta perspectiva, entendemos que no solo existe la posibilidad de producir un efecto de cambio; de hacer un trabajo para ayudarlo en esa construcción; sino que también porque una manifestación, cualquiera sea, no necesariamente es signo de un trastorno; y si lo fuera, habría que entender verdaderamente como se ha producido, para ser más acertados en la dirección del trabajo a realizar.

Sabemos que el niño tiene por delante un largo aprendizaje para hacerse un sujeto, capaz de afrontar la vida con tranquilidad y seguridad; por ello es fundamental los primeros años, donde tendrá que lidiar con muchos procesos emocionales muy complejos, que favorecerán o no, su inserción en el mundo que le tocará habitar.

La dificultad para moverse con su cuerpo ya sea por una posible rigidez corporal o por el contrario una agitación que le impide parar, estarse quieto, la dificultad por aprender o cierta incapacidad para aceptar las normas y reglas o problemas en las relaciones que establecen, son motivo muchas veces de consulta de los padres.

Saber interpretar que le sucede a ese niño, es tarea fundamental de un psicólogo clínico. Antes de emitir un juicio diagnostico, se trata de ver las coordenadas en que estos signos se han puesto en evidencia, ya que no todo debe ser puesto en un mismo saco. Es necesario tener los matices claros, aún cuando se trata de un mismo tipo de problemática.

¿Por qué?

Vayamos por ejemplo a la cuestión del cuerpo; a la hiperactividad o a la torpeza, que muchas veces se convierte en preocupante porque  produce falta de atención, y cuya consecuencia interfiere en la capacidad para concentrarse y aprender.

Primeramente aclaremos algo; es importante señalar que si bien nacemos con un cuerpo, ocurre que en el  proceso mental de construcción de ese cuerpo, hay algo que debe darse y es la posibilidad que tendrá un niño o no, de apropiarse de su cuerpo, porque eso no viene dado de antemano.

En lineas generales podemos decir, que nacemos con un cuerpo, pero tenerlo, implica un proceso de apropiación del mismo y para ello se hace necesaria la construcción e internalización de la imagen corporal, y esto es un proceso mental. Poder coordinar el cuerpo implicará siempre la base de la construcción de la imagen y esta imagen siempre es solidaria de la construcción de lo que denominamos el“Yo”.

Por ejemplo, los niños pequeños en un momento determinado de la evolución, hablan en tercera persona, y esto se debe a que aún la conformación del yo no se ha armado del todo; es decir, no es un problema que corresponde al área del lenguaje , sino que eso será solidario con la coordinación de sus movimientos, con la construcción de esa imagen y que por supuesto deben ser posibilitados también por la maduración biológica.

Lo que se intenta decir, es que esta maduración no es suficiente, para que el niño funcione bien con su cuerpo; esto implica que hace falta un paso mas, un paso complejo que tendrá incidencias en las posibles dificultades de un niño, cuando esto por diferentes motivos no ha llegado a su consolidación.

El trabajo con este niño será bien distinto, a otro que por ejemplo, tampoco puede quedarse tranquilo, porque lo que verdaderamente le inquieta es una circunstancia familiar que no ha sido llevada correctamente por los adultos y que la manifestación del niño no hace otra cosa que indicar, que él no posee las herramientas adecuadas para entender lo que ocurre.

Sabemos muy bien que la angustia, algunos miedos, etc. estallan cuando no ha habido una buena tramitación de la dificultad o cuando la falta de comprensión augura lo peor.

Por ello, a veces la facilidad con la que en muchas ocasiones  se emite un diagnostico, escapa a estos signos o manifestaciones que considero importantes de situar, para llevar adelante el mejor trabajo con ese niño que posee una singularidad.

Situar esta singularidad no solo encierra una posición ética; todos somos seres diferentes; sino que en esa diferencia seguramente encontraremos la llave necesaria para una mejor comprensión de lo que le ocurre a ese niño y por ende de actuar en consecuencia.

 

Ruth Pinkasz

Diario Información de Alicante – 21/04/2018

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