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¿Por qué me quieres?

¿Por qué me quieres?

Una de las contribuciones del psicoanálisis de hoy, es decir para quienes se analizan hoy en día, es una vida más cómoda en pareja. El psicoanálisis realiza un aporte fundamental, en un valor a la baja en los tiempos que corren como es: el amor.

En un mundo donde el rendimiento y la productividad son las estrellas de nuestros ideales, el amor, como inherente a la subjetividad de hombres y mujeres, se encuentra en un proceso de deflación. La era de la comunicación ofrece a los sujetos en pareja diagnósticos lapidarios como “ existe un problema de comunicación “ provocando un enredo sobre la pregunta del “que me quieres decir?” que carece de fin y como si existiera un ideal sano u óptimo de comunicación y vínculo.

La mala noticia es que no existe un ideal sano, del orden de lo higiénico y puro, con respecto al lazo amoroso, a los vínculos con la pareja. La buena noticia puede ser que eso nos relaje en la búsqueda incesante de esa relación ideal.

La elección del objeto amoroso contiene siempre una determinación inconsciente. ¿Por qué me quieres?” Es una pregunta que sólo puede responderse mintiendo. Desconocemos cuáles son los motivos, las causas que hacen que cada uno elija un objeto distinto, aunque en algunos casos algo de eso puede situarse en análisis. Hay casos famosos, donde Freud pudo situar una condición erótica. Eso puede decir algo en cuanto a la elección del objeto, a que un cuerpo sea atraído por otro cuerpo. Después hay que distinguir al amor de eso. Una cosa es la atracción de un cuerpo por otro cuerpo y otra cosa es el fenómeno amoroso, en términos de decidir permanecer cierto tiempo con ese alguien al que nuestro cuerpo nos atrajo.

Mientras Sigmund Freud en 1910 establece las cuatro condiciones del amor, proporcionando  el lugar de trabajo para el psicoanálisis de hoy, Jacques Alain Miller, tomando a J. Lacan, desarrolla la diferenciación entre propiedad y lo singular de cada sujeto en la elección del objeto amado. Mientras que en la condiciones freudianas, donde participa la imago materna en la determinación de la elección ( porque la primera experiencia de amor es sin duda el lazo materno) J-A Miller particulariza en lo singular, casi misterioso podríamos decir, de cada sujeto en la elección amorosa. Vale la pena recordar un caso de Freud de 1927, donde  el “Glanz auf der nase” ( un brillo en su nariz) se convierte en las circunstancias determinantes para la elección de este sujeto, a modo de un fetiche. ¿Es el amor fetichista?. Podríamos pensar que algo de la estructura del fetiche se pone en juego en la elección amorosa, esencialmente en la masculina.

Retomemos a la pareja: ¿Existe la pareja? Una pregunta difícil. Lo que sí podemos afirmar es la la ausencia de la complementariedad en la pareja. El mito de la media naranja cae como la manzana de Newton para descubrir la existencia de una imposibilidad de acuerdo con el Otro. El problema aparece cuando nos cuesta afrontar esa imposibilidad. Te enamoras de alguien y existe como un momento de ilusión en el que parece que eso imposible se ha hecho posible. Pero al mismo tiempo se empieza a captar la cuestión de esa imposibilidad, de que no hay ese acuerdo, ni esa complementariedad, ni ese hacer de dos uno, ni esa armonía. Se trata de lo que Jacques Lacan plantea muy bien: hay algo de imposible en las relaciones entre hombres y mujeres que tiene que ver con su manera de gozar y con su sexualidad. Ante eso el amor es una suplencia. Una forma de velo sobre nuestras propia incompletud. Lo que se se busca en el Otro es “esa libra de carne” esa promesa de completud, porque justamente solo amamos con nuestra “falta”. Por lo tanto a la pregunta ¿por qué me quieres? El polígrafo dice : “Por mi falta”.

 

Carolina Salinas

Publicado en el Diario Información de Alicante el 22/09/2018

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