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LO EXTRAÑO DEL EXTRANJERO

LO EXTRAÑO DEL EXTRANJERO

La palabra extranjero viene del francés antiguo estrangier (hoy, étranger), formada de estrage (extraño) más el sufijo francés -ier. La composición que nos llega a día de hoy, es la evolución patrimonial en francés del latín extraneus, el mismo que nos da la palabra extraño.

Lo extranjero nos viene acechando hace años atrás, parece que ahora se representa con más fuerza. Las continuas pateras que llegan al puerto de Arguineguín en Canarias vuelven a poner en jaque aquello que se nos hace insoportable de lo extraño.  El gobierno afronta de manera inadecuada aquello que ocurre, los vecinos se enfrentan a los intrusos y ciertos partidos políticos aprovechan lo singular o lo insólito para fomentar discursos de odio.

La llegada de lo extranjero resalta en cada uno de nosotros un “real” difícil de asimilar. La amenaza del covid-19 afianza este terror, parece que son aquellos extraños quienes nos traerán únicamente desgracia… Tal vez para muchos de nosotros es preferible negar que existan países donde la falta de oportunidades sea tan latente, que embarcarse a la deriva sea el único brillo de esperanza. 

Pero, ¿por qué se nos hace tan insoportable lo extraño?. Para construir un mundo en el que sentirnos seguros, nos afianza el compartir un cierto rasgo con el otro (el lenguaje, el color de la piel, la religión…). Con frecuencia el hecho de poder compartir ese “algo”, establece en nosotros seguridad. Por lo mismo, cuando no compartimos un rasgo con ese otro extraño o extranjero, tendemos a catalogarlo como distinto. Lo diferente segrega y da lugar al temor a lo desconocido. Me refiero aquí, a entender el término extranjero de una forma más amplia y radical, ya que lo insoportable hacia lo extranjero será aquello que no permite que nos identifiquemos con él.

Vivimos en una época donde las tecnologías nos conectan con la otra punta del mundo, consumimos productos hechos en China o en Japón y chateamos con nuestro amigo virtual de Australia, al que nunca hemos visto. Es paradójico creer que compartimos el mismo círculo de pertenencia con alguien que vive en el polo norte, y no pensar lo mismo respecto a alguien que intenta cruzar el mediterráneo en patera o que trata de forzar la verja para entrar en el país.

Por tanto el problema no será tanto el extranjero en el sentido de personas procedentes de otro país. Es todo aquello que no podemos incluir en nuestro círculo de pertenencia, aquello que no se asemeja con nosotros y con lo que hacemos. Siempre sin olvidar que el círculo de pertenencia tendrá un carácter simbólico e  imaginario.  

Cuando el otro está excluido del Otro, es decir, cuando deja de estar en dicho círculo de “confianza”, cuando no podemos identificarnos e identificarlo por medios simbólicos a lo que ya damos por conocido. Reducimos al extraño, a la identificación a todo aquello que no tiene que ver con lo más individual de nosotros. Surgiendo así el horror, deseando que no se acerque, que se quede “fuera”.

Será importante no olvidar que en la época que vivimos, los conflictos motivados por la religión, las fuentes de riqueza o las fronteras, no dejan de crecer… Lo que nos sitúa a todos, países y personas en riesgo de ser excluidos, de ser ese extraños para el otro.  Nos avisan con más frecuencia, cómo “years and years”, la impactante serie televisiva que predice un futuro no tan lejano. Caerá del lado de las nuevas generaciones, crear las condiciones para dar lugar a un mundo más habitable.

 

Eva Ventura Pinkasz (evaventur91@gmail.com)

Artículo publicado el Diario de Información el 26.12.20

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