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No es buen momento para enamorarse

No es buen momento para enamorarse

Para H, por enseñarme que se puede perder la vista pero nunca la mirada. 

 

Los 30 son los nuevos 20 me decía una querida amiga. Y la verdad es que efectivamente, los 30 de hoy en día no son los mismos que hace 20 años. Parece que el paso de los años implica una caída de los patrones conservadores tan marcados. Hemos dejado de casarnos, cada vez tenemos hijos más tarde y el trabajo se impone como el imperativo a esta vida que cada día pasa más rápido. Y entre todo esta vorágine que nos absorbe y tira de nosotros día a día, van quedando de lado el afianzamiento de las relaciones amorosas o sentimentales. 

Tinder, Bumble, Adopta un tío y una serie de etcéteras abren la veda de relaciones ambivalentes de poca duración. Parece que en vez de formalizar relaciones, las personas comienzan a dar más valor a las experiencias presentes, a la libertad sin ningún tipo de ataduras, al consumo puntual y poco responsable y a la satisfacción inmediata de las necesidades corporales e intelectuales. Todo aquello que no cumple con el requisito de la inmediatez, del “usar y tirar”, es desechado. 

Recientemente escuchaba, una anécdota curiosa que planteaba bien esta nueva forma de jugar al amor. Una pareja que se encontraba conociéndose, después de un fin de semana idílico donde todas las cartas para un enamoramiento estaban sobre la mesa rompe con esta idea. La mujer, ante la perspectiva de conocer a alguien que le brindará una idea de amor tradicional le pregunta al hombre que ocurrirá después de ese maravilloso encuentro. De hecho, centraliza la pregunta y demanda “¿cuánta energía consideraba que debía incluir en aquella apuesta?”. El hombre, contesta que la energía será cero, ninguna otra mano se jugaría en ese encuentro y por tanto determinaría el objeto de esa “relación”. El sufrimiento femenino no entra en juego en está anécdota, más bien adopta un rol masculino donde el juego de la energía cero marcará todos sus pasos a seguir.  Será importante puntualizar que ambas personas se conocieron por redes sociales, que el encuentro vino determinado por satisfacciones inmediatas y que seguramente al igual que la contingencia de la vida los unió también los separará.

Cierto es que en las relaciones amorosas se juega la individualidad de cada uno de nosotros. Ya que el hombre de la energía cero, sentencia ese encuentro y cierra de un portazo cualquier tipo de continuidad con está mujer. Y ella en cambio, buscará a aquel que pueda dar una respuesta positiva ante la cantidad de energía empleada. La pregunta por tanto será “¿qué ocurre en la subjetividad de ambos?” para entrar en un juego donde el partido está perdido desde el minuto dos. Los más optimistas pensarán en las satisfacciones físicas como una respuesta lógica ante la atracción. Pero la realidad es que esta pareja tenía un enganche más allá del plano sexual. Lo interesante y el punto relevante dentro de este lío energético es que el encuentro viene marcado con la condición donde no haya “un felices para siempre”. 

Desengranar la maquinaria subjetiva de esta pareja, sería un arduo trabajo que implica lo más íntimo de la personalidad de cada uno de ellos. El análisis personal determinará porqué la respuesta de él fue energía cero. Seguramente existan varias hipótesis que ella hizo al respecto, pero ni el mismo aludido puede que conozca la respuesta. Ya que la sentencia ante tal afirmación viene determinada por un punto todavía inconsciente para este. 

Y la realidad es que la generación de los treintañeros, viene determinada por el término “Amor Líquido” establecido por Zygmunt Bauman.  La fragilidad de los vínculos sentimentales, alude a la necesidad de no establecer raíces emocionales profundas con las personas con que nos cruzamos en la vida, a fin de permanecer desvinculados emocionalmente y así poder encajar en un entorno en constante mutación. Sin embargo, no podemos dejar de obviar que el amor dentro de ser un síntoma social siempre se vive de manera individual. 

La repetición en las relaciones amorosas se da de manera reiterada: parejas sintomáticas que no se pueden separar por mucho que se hagan mal, aquel que ama a la que nunca le amará, la que no puede cortar con ese otro al que ya no ama o la que espera ser la única para ese hombre que comparte con otras. Y bien, si queremos poner un punto final a esos bucles mortíferos que únicamente llevan a sufrimiento, habrá que preguntarse más allá de lo que le ocurre a uno en una relación. Se tratará de conocer más a fondo cómo funciona el aparato psíquico de cada uno de nosotros: que nos hace sufrir, disfrutar y en definitiva aquello que nos hace ser quien somos en este mundo. 

En cuánto a la pareja de energéticos, desconozco el final de dicha historia. Pero puedo apostar que en el momento que el juego cambió sus reglas y apareció algo de lo propiamente amoroso el interés se perdió. Ya que el sustento no era otro que “energía cero”.

 

Eva Ventura  (evaventur91@gmail.com)

Artículo publicado en el Diario Información el 6 de noviembre de 2021.

 

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