Enter your keyword

La sexualidad humana es antinatural

La sexualidad humana es antinatural

¿Qué es lo que lleva a un sujeto a satisfacerse sexualmente en determinadas condiciones, y otro, ante esas mismas condiciones no puede evitar sentir repugnancia? ¿Acaso no se suponía que existe una “norma” sexual, desde el momento en que el género determinaría el destino?

Nada más lejos de la realidad. El ser humano es complejo, no sólo en sus procesamientos psíquicos que también, sino por los modos de vivir la experiencia de tener un cuerpo. Hay quienes lo maltratan, quienes lo enferman exageradamente, quienes adoran su cuerpo más que a un partenaire, quienes lo ocultan insistentemente de las miradas ajenas, quienes no lo experimentan como un cuerpo que les perteneciera, por citar sólo algunos ejemplos. En definitiva, distintas formas de habitar el cuerpo con el que se ha nacido. Si esta vivencia es tan particular es porque el cuerpo humano es un proveedor inagotable de sensaciones y de síntomas, en definitiva, de pulsión, de esa tensión interna que exige satisfacción.  Quizás se pueda entender mejor si captamos que a diferencia de lo que sucede en el reino animal, los humanos pueden demorar la satisfacción de sus necesidades y deseos. Para eso ha sido indispensable el uso del lenguaje que aportó la posibilidad de diferir, anticipar, programar, de seducir, improvisar, inhibir; en fin, de desplazar la búsqueda de satisfacción hacia otra finalidad. El lenguaje es el responsable de que hayamos perdido la capacidad instintual que hacía que machos y hembras se relacionaran para reproducirse. Dicho de otro modo, el lenguaje es responsable de que hombre y mujer hayan perdido la reciprocidad.

A tal punto el lenguaje interfiere, que los órganos mismos del cuerpo funcionan o no, de acuerdo a las palabras que han marcado al cuerpo. Razón por la que el sexo biológico, en sí mismo, no basta para determinar que sexualidad asumirá una persona. Si la anatomía hiciera destino, el órgano sexual masculino no se vería nunca afectado de impotencia, por ejemplo. Pero de manera más precisa es la clínica de la transexualidad la que enseña el proceso psíquico que de manera muy precoz, entorpece la ligazón entre lo biológico y la posición sexual elegida.

Eso con respecto al género, pero en cuanto a la elección sexual ocurre otro tanto. Basta mirar atrás en la vida de uno para recordar el momento en que por primera vez se produjo un encuentro con algo del orden de la sexualidad. No es necesario que haya ocurrido un acontecimiento terrible, ni una violación ni un forzamiento. Ya el hecho mismo de que se produjera una irrupción desconocida, sentida como excitación en el cuerpo, fue suficiente para hacer de ese primer momento algo traumático. Traumático en el sentido de dejar una marca muy precisa de allí en adelante, acerca del modo en que esa persona va a satisfacerse.

Y es eso lo que la clínica muestra con fineza, que esas huellas primeras, en cada sujeto son de determinada manera, no son múltiples ni variadas, sino que para que sujeto hay una modalidad única. Por eso las tentativas educativas que insisten en convertir al homosexual en heterosexual, en domesticar al sádico, o en hacer del fetichista, el voyeur o el exhibicionista, “alguien normal” como ingenuamente se suele escuchar -por mencionar sólo algunos casos- fracasan desde el minuto uno. Es la misma lógica la que impide que el pederasta pueda alguna vez modificar su pervertido modo de satisfacerse: si químicamente se lo logra neutralizar, sólo perdería el impulso a actuar, pero nunca su modalidad de gozar.

Es cierto que el acceso a la pornografía al alcance de un clic ofrece a quien lo busque el matiz exacto de su manera de gozar, y aunque insistentemente se transmita la idea de una relación causa-efecto entre quienes consumen masivamente pornografía y los hombres maltratadores, la relación, entiendo, no es tan lineal. El ultraje a la mujer, hecho absolutamente deleznable, puede ser alimentado por el amplio catálogo pornográfico desde luego, pero sólo para quien, esa condición estaba inscripta previamente. Se ve en lo siguiente: cuando el consumo virtual de pornografía se vuelve masivo en un sujeto -insisto: consumo masivo- suele haber detrás una dificultad para encontrarse físicamente con una mujer, mostrando que lo femenino ya era con anterioridad insoportable para ese sujeto. El maltrato, si acontece, es la confirmación de que ante una mujer ese hombre no tiene recursos para responder.

Por último agregar que no es sin consecuencias para el plano sexual el intento de equiparar derechos entre hombres y mujeres. No porque no corresponda, por supuesto, sino por el extravío que produce en los dos sexos que los modos de satisfacción, que son radicalmente distintos entre ambos, no conserven las diferencias. Sólo un pequeño ejemplo: la exhibición narcisista de muchos hombres jóvenes, que no se privan de tratamientos de bótox, de depilación masculina y hasta de levantamiento de glúteos, se sostiene en que los hombres creen ser mirados como ellos mismos miran; sin percatarse que mientras tanto, las mujeres desesperan denunciando que “ya no quedan hombres”. La sexualidad no es ajena a la época, allí encuentra sobrados fundamentos a la insatisfacción.

Época que a la vez arrastra a las satisfacciones inmediatas y a la recreación de escenarios de goce compartidos en grupos, donde a veces ya ni siquiera es necesario transgredir porque se podría gozar simplemente con actuarlo.

Pero incluso en este tiempo, no somos totalmente libres en el modo de satisfacernos. Justo lo contrario: tenemos una libertad relativa respecto de nuestras elecciones sexuales que más que libres son forzadas, por lo que hizo marca para cada uno. Así como no se puede cambiar de orientación sexual a voluntad, tampoco es posible para cualquier sujeto encontrar satisfacción en todo aquello que la sociedad le propone. En esta época del empuje a los excesos, es una buena noticia estar advertido del límite en cuanto a la satisfacción que a cada uno se le impone.

 

Lorena Oberlin Rippstein (oberlinlorena@gmail.com)

Artículo publicado en El Diario Información el 7/11/2020

No Comments

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: