Enter your keyword

Época de adicciones.

Época de adicciones.

No hay duda que estamos en la era de las “adicciones”, cualquiera sea el objeto al que se le dedique “devoción”, en sus múltiples variables;  ya sea, adicción a las sustancias, al objeto tecnológico, al objeto de consumo, al juego, etc.

Esa devoción, entendida casi como una veneración, hace al sujeto dependiente, al punto que cuando no se accede a ello “no es nada”, puro vacío se instala, y un sentimiento imposible de soportar domina al sujeto.

El sentimiento de vacío no es el problema, pues diría que es un sentimiento consustancial al ser humano mismo; en muchas circunstancias puede presentarse, y nadie, ningún mortal, escapa a ello.

La cuestión es saber de que índole es y que recursos tenemos para sobrellevarlo, y entiendo que en ocasiones, no estaría para nada de más, llamar a un especialista para abordarlo.

Por otro lado la pregunta de que es lo que empuja a una persona a engancharse tanto a ese objeto, a esa droga, responde a diversos factores que habría que analizar con detalle, porque además opino, que si bien ha ocurrido en todas las épocas, creo que es hoy en día, la nuestra,  la que verdaderamente empuja de manera feroz a ello.

Destacaré de la adicción, el modo compulsivo que predomina. Un impulso imposible de parar que hace parte de una repetición que lleva a esa persona siempre al mismo lugar, una vuelta a empezar como un circuito de goce que paradójicamente envuelve una satisfacción que hay que señalar claramente mortífera, pero del que el sujeto por si solo parece  no poder librarse.

La promesa de esa satisfacción inmediata y “completa”es la trampa para sumergirse en ello y no olvidemos que la promesa de felicidad absoluta, es el eslogan por excelencia de nuestra época.

Me ha sorprendido hace poco, la cantidad de publicidad que aparece en la televisión sobre el juego de apuestas, una seguida tras de otra, sin posibilidad de tomarse un respiro, dispara sin tregua, bajo la garantía de una ganancia absoluta, incluso ganando dinero solo por suscribirse.

La facilidad con la que uno podría hacerse rico, alimenta la fantasía omnipotente  de ser el “elegido” por supuesto sin esfuerzo alguno, y sin siquiera poner nada de”” carne en el asador; aunque no ilusos, entendamos claramente, que al final es nuestro cuerpo, nuestra vida, que dará de comer al mismísimo diablo.

La promesa de éxito alimenta la ilusión de una forma mágica de resolución de conflicto, actúa como distractor y niega la realidad ; escondite a veces para la soledad y tal vez como parche frente a la carencia afectiva, tal vez tapadera al encuentro con otros.

Porque no lo neguemos, el adicto está casado con la droga, sea llamada sustancia, juego, objeto tecnológico, etc; es su verdadero partenaire, su pareja, porque como dice la propaganda “no lo abandona”.

Por eso la sabiduría popular nos enseña que “afortunado en el juego, desafortunado en el amor”, es porque no hay lugar para el amor cuando solo prevalece el enganche mortífero; sin embargo deberíamos añadir,  que tampoco hay fortuna en el juego, porque toda adicción, es siempre una jugada a pura pérdida y eso en el fondo de su ser, aunque lo reniegue y resulte paradójico, lo sabe el sujeto adicto.

Tentar a la destrucción es lo que hace parte de la “movida”, revestido por supuesto, bajo la forma de bienestar.

Sin embargo no hay que ser adicto para jugar, aunque parte del mecanismo que opera, en menores dosis nos toca a todos. La posibilidad de poner un límite es una parte (no toda) de la diferencia, por ello estemos advertidos; somos al fin y al cabo sujetos de la época.

Mejor tener suerte en el amor; aunque es un riesgo también, pero al fin y al cabo, implica un compromiso con la vida.

Ruth Pinkasz.

rpinkasz@gmail.com

 

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO INFORMACIÓN DE ALICANTE

 

No Comments

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: