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El sufrimiento del proceso migratorio

El sufrimiento del proceso migratorio

Cuando conocí a Kumba una extraña sensación recorrió mi cuerpo, el choque cultural al que me enfrentaba era tan abrupto que el impacto con este real malvado de carácter incierto y desconcertante me paralizó. Kumba es migrante, llevaba más de un año viajando por Africa con un objetivo: llegar a Europa. No importaban los peligro a los que se enfrentaría, tampoco importaba que o a quién dejaba atrás, como bien dice él “cuándo tienes un deseo tan fuerte tienes que aprender a olvidar”.

Si podemos definir con una palabra este año 2018, sin duda alguna una de ellas sería: migración. A lo largo de estos últimos meses hemos sido sometidos a una avalancha de noticias ligadas a este fenómeno. En primer lugar, la llegada de 630 inmigrantes en el barco de salvamento Aquarius nos anunciaba que algo se desataba. Más tarde, el cruce de inmigrantes por la valla de Melilla o las múltiples pateras que llegan a nuestras playas cada fin de semana crea un estado de incertidumbre social que no nos permite preguntarnos ¿quiénes son estas personas?, ¿cuáles son sus historias? y ¿a qué vienen?.

Desgraciadamente obviamos cada vez más el drama y la dureza que supone para este tipo de personas el viaje migratorio. La salud mental de gran parte de los migrantes viene marcada. Una marca imborrable, una marca que a veces podemos ver reflejadas en sus pieles de tez oscura, pero también una marca que no les deja dormir, que aparece en formas de pesadillas donde los gritos de dolor se manifiestan con una ansiedad recurrente.

Como decía, las imágenes o pensamientos intrusivos, el insomnio, las pesadillas o la sensación de ansiedad generalizada son algunos de los posibles síntomas que denotan estrés-postraumático. Algo que sufren en su gran mayoría, algo con lo que hay que lidiar a pesar de los papeles, el trabajo y el miedo a la deportación… A partir del acontecimiento traumático se produce un circuito de repetición en el cuál el retorno de la escena se vuelve constante. Tanto en la vigilia como en el sueño, por lo que la mejor terapéutica será establecer un tipo de intervención donde encontrar la mejor forma de recordar será la clave para poder olvidar.

Dentro de este sufrimiento, encontramos a individuos muy desolados. Personas que desean una integración o una nueva vida que les permita un futuro mejor. Este nuevo fenómeno migratorio ha dado lugar a nuevas formas de intervención, tanto a nivel psicológico como a nivel social. Nos encontramos ante algo que produce miedo o incertidumbre. Aparece una cierta reticencia a lo desconocido que genera rechazo. Pero como decía este fenómeno desata algo del cual todavía no conocemos la respuesta.

Y al final de esta historia, habrá que preguntarse que tenemos en común con estas personas. Es obvio que gran parte de nosotros no hemos sufrido un transito migratorio, pero si tenemos nuestras propias historias personales, con nuestros sufrimientos, nuestras tristezas, nuestras pérdidas y nuestras alegrías . De hecho, la historia de cada uno es relevante e importante, ya que serán nuestras pequeñas marcas, lo que determinará nuestras decisiones, opiniones y en gran medida nuestro futuro.

La buena práctica será orientar la intervención psicológica al uno por uno, donde la subjetividad de cada individuo reinará en cada análisis personal.

Cada sujeto deberá encontrar a su manera, la mejor forma de hacer con su sufrimiento; una forma de lidiar en la vida, que nos hace igual a cada ser humano que habita  este mundo.

 

Eva Ventura Pinkasz

Artículo publicado en el Diario Información 05/01/2019

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