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Satisfyer: lo que cae de la cama.

Satisfyer: lo que cae de la cama.

Me contaba una colega en estos días, una conversación masculina que escucha en el transcurso de un viaje en tren: “Nos terminarán reemplazando, el satisfyer nos tirará de la cama”. Mientras tanto, en la conversación con amigas, me encuentro con los comentarios del producto en Amazon: Empty57 dice: “ me he liberado”, y Goya12 agrega “me he quitado del Tinder”.

Desde la llamada revolución sexual de los años 60, se ha gestado una verdadera transformación de las relaciones erótico-afectivas esencialmente entre hombres y mujeres, distanciando la procreación y la sexualidad. Inclusive los postulados de la sexología como “el derecho al placer” de 1999, han contribuido a ofrecer un espacio más importante al intercambio de los anhelos eróticos y amorosos.

Especialmente para ellas, el reconocimiento de la autonomía de sus cuerpos, de la palabra y la ampliación de la ciudadanía ( tramitada por la segunda ola del feminismo con el lema: “lo privado es lo político”) significaron instancias fundamentales hacia una mayor apertura en lo que respecta al placer sexual y a las maneras de hacer una nueva interpretación de la erótica. Hoy en día hay pocas mujeres – no todas: el una a una sigue siendo una orientación fundamental para no fundarnos en la universalidad propia de lo masculino- están dispuestas a vivir su sexualidad desde los corset de la época victoriana, como imperativos dominantes. Es más, algunas de ella expresan el deseo de un intercambio gozoso con el hombre, y “eventualmente” una vinculación emocional. Así es, digo eventualmente, porque en las aguas revueltas del amor de hoy en día, del lado femenino, intentando subvertir la idea de amor romántico, comienza a verificarse poca garantía entre el deseo sexual y la subjetividad de ellas.

Cada tanto el mercado se hace con un significante primordial de la narrativa social. Es decir, en su sabiduría de captar algo del “alma humana” como decía Margaret Thatcher, el neoliberalismo tiene la virtud de extraer aquello que pertenece a los bajos fondos de lo humano: En este caso: la combinación mujeres-satisfaccion. Un aspecto de lo femenino realmente controvertido, con sus múltiples caras y matices y que constituye una pregunta recurrente para ellas. Es realmente preciso el nombre que se ha utilizado para este producto.

Cíclicamente se lanza al mercado aquello que pueda cubrir algo de la angustia de la insatisfacción. Es decir productos,objetos que apuntan directamente a una promesa de plenitud sexual, de éxito personal y sobre todo de autonomía con respecto al hombre. Promesa de liberación que cala profundamente en los registros femeninos sociales y actuales, pero que sin embargo pueden ser una verdadera trampa de liberación. Similar cuando en alguna ola del feminismo se promueve la liberación a través del trabajo fuera del hogar. Absolutamente necesario y oportuno en su época como búsqueda de una posición en lo social. Pero a la vuelta de este trabajo y promesa liberadora, las mujeres seguían haciendo los mismo quehaceres y rutinas de la casa. Doble trabajo pensaron, las feministas de aquella época. ¿Dónde está la liberación?, se preguntaron algunas.

Al final de los comentarios sobre el producto encuentro a varias mujeres con otras opiniones: juana54 dice: “no es para tanto” y luz69 agrega: “me ha producido efectos secundarios”. Es decir que pareciera que  la promesa de satisfacción, plenitud y total autonomía cae más bien del lado de los modos de estar en la vida. De aquello que hace relieve de nuestro propio síntoma. A veces la genitalidad ofrece esta promesa engañosa para las mujeres. La sexualidad es algo bien distinto: pone en primer plano la subjetividad y especialmente aquello que nos divide como sujetos, aquello que destaca como falta en ser, lo que nos angustia: lo que en definitiva se hace imposible en la cuestión de a dos.

Cuidado porque más que los hombres, lo que se puede caer de la cama es lo singular de la subjetividad de la mujer una por una.

 

Carolina Salinas

carolinasalinas@hotmail.com

 

Artículo publicado en el Diario Información 08/02/20

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