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Nada volverá a hacer igual.  Reflexiones sobre las diferentes respuestas emocionales derivadas de la pandemia

Nada volverá a hacer igual. Reflexiones sobre las diferentes respuestas emocionales derivadas de la pandemia

Esta pandemia nos ha tocado a todos, claro está, de diferente manera y bajo distintas circunstancias. Pero lo que es innegable que pese a las diferencias, ha trastocado por completo nuestras vidas; en nuestras formas de relacionarnos con otros, en nuestras formas de trabajar, en nuestras forma de hacer con los tiempos, con el ocio, etc.

Habría que hacer un análisis pormenorizado de estos cambios, de su trascendencia, de su consistencia, pero posiblemente aún sea demasiado pronto, pues el impacto que esto ha causado, necesitará del transcurso del tiempo para ser elaborado.

Sabemos que es siempre a posteriori, después del impacto del trauma, cuando comienza un  tiempo de elaboración, porque la intromisión de este virus, sería absurdo no tratarlo como tal. Su valor de trauma, se ha demostrado en la cercanía de la muerte, en su amenaza constante y en los cambios radicales en nuestra forma de vivir.

Se inaugura entonces, un tiempo de comprender. Se abre en nuestra subjetividad, una puesta en forma del pensamiento, una manera de intentar entender y dar sentido a aquello que ha caído como una bomba; y cuyas onda expansiva sigue dando juego y lo dará de manera indeterminada; es lo que llamamos los psicoanalistas, el trabajo de elaboración.

Nuestra cabeza no se detiene y aunque no seamos conscientes de ello, vamos buscando respuestas para tranquilizar aquello que moviliza a cada uno; que hay que decir, puede ser muy distinto a lo que siente y piensa nuestro semejante.

Es importante pues, introducir la diferencia, en el punto esencial donde el impacto de esta situación generalizada “la pandemia” ha tocado a uno por uno, en su singularidad y por tanto su efecto y respuesta emocional devendrá de esos recursos emocionales de los que ya disponíamos, completamente distintos unos de otro.

Así los profesionales de la salud mental, hemos escuchado de la gente a lo largo de estos momentos, diversas respuestas emocionales; algunas que denotaban cierto alivio, cierta tranquilidad o por el contrario, estados de angustia al borde de una crisis.

¿Como trabajar con las diversas modalidades de respuesta?

Lo que debemos rastrear, si así lo podemos llamar son: que elementos, que palabras, en el decir del sujeto que demanda algún tipo de tratamiento psicológico, se repiten, tanto en la situación actual, como en su similitud con otros relatos que recorren su historia; no por el hecho de haber sobrevivido a una situación parecida o igual, sino en el punto donde su efecto nos golpea de la misma manera, y nuestras reacciones emocionales reinciden, posiblemente sin saberlo, confrontados a una angustia, señal de alarma de que algo en uno mismo, no marcha sobre ruedas.

Por ejemplo, la sensación de ahogo que puede sentir una persona derivado del encierro que podría suponer el confinamiento, estaría seguramente en relación a otros sucesos de su vida donde su manifestación sintomática sería también esa sensación de ahogo, por lo que resulta un indicador fundamental para poder avanzar, para poder pensar sobre que “caldo de cultivo” se produjo su respuesta sintomática, que no es otra que un sufrimiento más radical propiciado y favorecido, si se puede decir así, ahora por ejemplo con este confinamiento.

Por ello no podemos generalizar, la tendencia a agrupar las reacciones afectivas como respuestas   típicas solo sirven para la estadística; no valen para ayudar a resolver el sufrimiento, porque ello requiere un trabajo minucioso  con el sujeto que lo padece. La clínica merece esta dignidad tanto para ella misma, como también para quien la demanda.

 

Ruth Pinkasz (rdpinkasz@gmail.com)

 

Artículo publicado en el Diario Información de Alicante

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