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LOS LÍMITES DEL VÍNCULO PSICÓLOGO-PACIENTE

LOS LÍMITES DEL VÍNCULO PSICÓLOGO-PACIENTE

Son muchos los interrogantes acerca de la eficacia o eficiencia de un tratamiento psicológico. No es cuestionable la necesidad y la figura del psicólogo, ya que la salud mental es algo que se encuentra a la orden del día. A pesar del estigma social que pone la famosa etiqueta “vas a la psicólogo porque estas loco“ cada vez son más las noticias de nuevos fenómenos que nos inquietan tanto individual como socialmente: adicciones a las nuevas tecnologías, niños tiranos que controlan a sus padres, niñas hipersexualizadas atraídas por el efecto influencer, excesivos diagnósticos de TDAH y una serie de etcéteras.

Dentro de estas problemáticas que aparecen nos preguntamos cual es la base ante cualquier tratamiento psicológico. Siendo la respuesta la llamada “alianza terapéutica” o recuperando el término freudiano “transferencia”. Este concepto bastante complejo, viene a determinar la relación establecida entre psicólogo y paciente. Sin olvidar que esta relación vendrá marcada por los diversos encuentros de la intervención clínica.

El fenómeno transferencial es algo indispensable y necesario para un buen desarrollo terapéutico, donde el psicólogo representará la figura de acogida de la demanda que el paciente presenta. Una buena transferencia siempre se instaurará cuando el terapeuta encuentre la buena posición en cuanto al sujeto. La tarea del psicólogo será encontrar la posición adecuada sin excesos, ni faltas ante la demanda o preocupación presentada por parte del otro que recibe en consulta.

Una vez instaurada la transferencia será posible establecer una intervención clínica, puesto que permitirá interrogar al sujeto a cerca de aquello que realmente quiere saber. Es importante indicar que no hay tratamiento sin transferencia o alianza terapéutica y todos aquellos métodos que rompen la relación paciente-terapeuta condenan al fracaso cualquier acción clínica.

Actualmente por diferentes motivos, esta condición aparece infravalorada. Oímos cada vez mas casos en las que la relación médico-paciente es nula y se basa únicamente en la transacción de fármacos olvidando que este mecanismo es fundamental para el proceso de la cura.

La alianza terapéutica establecida por psicólogo y paciente se instaura de diferentes maneras y dependerá en que tipo de dispositivo se trabaje. No es lo mismo un psicólogo que trabaja en consulta a solas con sus pacientes, que un psicólogo que trabaja en un dispositivo de emergencia o por lo contrario psicólogos de cuidados paliativos. Es importante saber diferenciar donde trabajamos porque las formas de actuar serán muy distintas.

Por ejemplo, en estos últimos años, ha aparecido el fenómeno MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados) dando lugar a la creación de centros de acogida donde instalar a estos menores que llegan a España sin familiares.  En estos centros es necesario la figura del psicólogo, puesto que el tratamiento afectivo emocional será fundamental para fomentar la integración de estos menores. La manera de trabajar de estos centros se rigen por la reeducación. Se intentan entablar normas estipuladas por condicionamiento operante refuerzo-castigo donde se imponen únicamente medidas restrictivas que establezcan un cierto “orden”. Cuando imponemos estas formas de actuar a nivel psicológico obviamos todos los lazos subjetivos emocionales que nos vinculan y por tanto hacen imposible un tratamiento con los usuarios.

La alianza terapéutica con estos menores, será muy distinta a la entablada en consulta dadas las contingencias que los acompañan. Los psicólogos que trabajen en estos dispositivos, tendrán que establecer un vínculo de acogimiento que permita no solo reeducar, sino también darle  a los menores su lugar como sujeto e individuo que sufre. Un lugar de escucha que sirva de vehículo para una mejor adaptación; porque ésta, depende más del posicionamiento que pueda elaborar el sujeto mismo, que las técnicas reeducativas y para ello hace falta una verdadera implicación del psicólogo.

En definitiva, la buena práctica será establecer una terapéutica donde el dispositivo de la transferencia permita que la intervención clínica opere y por tanto permita un buen desarrollo del tratamiento. Sería interesante pensar que el vínculo paciente-psicólogo no se limitara a cambios de comportamiento, ni subsanar los síntomas que el sujeto puede presentar sino a un trabajo arduo donde el paciente a través de la relación que establezca con su terapeuta se interrogue en relación a algo que tiene que ver con lo más singular y profundo de cada uno.

 

Eva Ventura Pinkasz

Publicado en el Diario Información el 02/03/2019

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